CONTRA LA SORDERA

Let´s all get up and dance to a song
that was a hit before your mother was born,
thought she was born a long, long time ago:
your mother should know,
your mother should know.

El rock and roll y la música pop son hoy el lugar de un gran malentendido. Cuando se hacen antologías, reportajes retrospectivos y ceremonias de celebración de los grandes acontecimientos del siglo pasado, sus desaliñados compases suelen aparecer como ilustraciones de una narración cuya voz se llena ampulosamente de los términos “rebeldía”, “libertad”, “emancipación” y similares, como si bastase volver a a entonar aquellos sones para resucitar el espíritu que les animaba, y que desde luego no está casi nunca en su letra. Sin duda, aquellos jóvenes de la década de 1960 se rebelaban contra el conformismo, contra la distribución del poder político nacional e internacional, contra el orden económico y moral imperante y, también, contra las aulas que lo perpetuaban. Precisamente gracias a la maquinaria política construida por la generación anterior (la que, antes de que el término cayese en el actual desprestigio, se llamaba “estado del bienestar”), aquellos jóvenes que reclamaban la condición de adultos podían reírse a mandíbula batiente de las identidades, las cuentas de resultados y las hazañas bélicas. Pero, a pesar de las antologías y las conmemoraciones, pocos quieren recordar cómo acabó aquello. La retórica de aquella confusa y desbocada explosión de creatividad fue cuidadosamente separada de su contenido político y social y, convenientemente reciclada y re-empaquetada, se ha convertido en la ideología empresarial que, tanto desde el frente del mercado como desde el del Estado (reconvertido ahora en un “estado del malestar” que genera miedo y rencor hacia nuestros socios en cualquier proyecto colectivo), llama por doquier a la “juventud” —es decir, a la flexibilidad, a la indeterminación, a la ambigüedad, a la docilidad— exaltando sus “valores” al modo como en otro tiempo o hacían regímenes políticos de ingrato recuerdo tras haber convertido la “rebeldía”, la “emancipación” y la “libertad” no solamente en mercancías de gran venta, sino también en eslóganes ideológicos de enorme poder de convocatoria. Los gestos de liberación no se han convertido únicamente en el stock de “poses” que los medios de comunicación expenden como “modelos” de consumo-basura, sino también en la colección de “actitudes” que, en las sucesivas reformas educativas, han ido sustituyendo a los contenidos de conocimiento del sistema de enseñanza, reemplazados por un diseño lábil y modulable de conductas vacías y políticamente correctas, aptas para una cómoda adaptación a las volubles condiciones históricas y comerciales. De modo que quienes aún se empeñan en ver en la promoción de la igualdad la causa de la tan llorada desaparición de la “cultura del sacrificio” deberían recordar que, durante siglos, quienes más se han “sacrificado” han sido quienes han recibido menores remuneraciones, y que el único minuto durante el cual tuvimos la impresión de que el esfuerzo noble podía recibir una recompensa justa fue precisamente aquel en el cual las políticas sociales de gran ambición proporcionaron un alivio a quienes habían vivido siempre bajo la presión de la necesidad; deberían considerar seriamente la posibilidad de que el descrédito de la “cultura del esfuerzo” no se deba tanto a la divulgación de perniciosas ideologías libertinas como a la constatación de su nula rentabilidad por parte de los ciudadanos que experimentan a diario que es más conveniente cometer un delito que reclamar su reparación, o por parte de los jóvenes que —pese a la alabanza hipócrita que les brindan los mercaderes de la nueva pobreza— se percatan del estado de abandono en el cual se les mantiene en las bulliciosas aulas públicas en donde aprenden a despreciar el saber y a odiar o a temer a la escuela. Un malestar completamente nuevo se ha instalado entre nosotros. Su origen inmediato se encuentra en los desperfectos producidos por el repliegue de la democracia social y substitución por el Estado de bajo coste, la fluidez laboral, la fluctuación financiera y las políticas de la identidad. El malestar comienza cuando el Estado deja de ofrecer refugio contra la desigualdad, porque entonces las contribuciones a las arcas comunes se tornan penosas, se pudre el vínculo social y cada vecino se convierte en un competidor que hay que abatir o en una carga de la que hay que desprenderse. Y quienes a izquierda y derecha abominan de la hipertrofia de la Nación deberían notar hasta qué punto ella es proporcional a la mengua del Estado a la que han contribuido a su manera (cuando los servicios públicos se degradan nos acordamos de la bandera, casi siempre para quemar la de los otros). Nadie que viva de la política se atreverá a declarar públicamente clausurado el Estado social de Derecho, por temor a perder su clientela y a perjudicar gravemente su negocio, pero ello mismo incrementa el estado del malestar: ese sordo zumbido de una multitud que se siente engañada cuando acude a un tribunal de justicia, a un hospital, a una escuela, a una urna electoral o un quiosco de prensa, porque nadie se ha molestado en decirles que los hospitales, los tribunales, los partidos politicos, las escuelas y los periódicos son ya cosas demasiado caras para el actual régimen de rebajas. Y la cultura de masas de bajo coste y corto plazo retransmite en directo su embrutecimiento para que quienes recortan presupuestos se complazcan en sus sabias decisiones (“tienen lo que se merecen”) con la misma satisfacción que los comandantes nazis contemplaban en los campos lo adecuado de su política de exterminio al corroborar la conducta brutal de los desdichados que estaban presos en ellos.

Se notará hasta qué punto esta situación contradice la supuesta "rebeldía" de la música popular contemporánea en el modo como ésta se ha convertido, masivamente, en un elemento de identificación y regulación de los grupos de edad perfectamente compatible con la perfecta acomodación de estos grupos a los honores que hoy se rinden indiscriminadamente a las cuentas de resultados, a las hazañas bélicas y a las identidades. Por eso, si nos preguntásemos en qué consistiría hoy día una actitud de estricta fidelidad al "espíritu " de la música popular contemporánea, tendríamos que convenir en que ello —aunque superficialmente pueda parecernos paradójico— pasa necesariamente por una defensa de las aulas como lugar de libertad, de aprendizaje sistemático de conocimientos, pues si esto no elimina de por sí las desigualdades económicas, es el medio más eficaz para contrarrestar sus consecuencias sociales. Rebelarse contra el conformismo de las aulas es hoy defender la vapuleada e infamada enseñanza pública (tan molesta para los empresarios que buscan una inserción rápida y barata de la fuerza de trabajo en el nuevo orden de pleno desempleo), luchar por la emancipación es insistir en que los jóvenes no son un valor por sí mismos, sino únicamente en la medida en que pueden efectivamente convertirse en adultos de pleno derecho (y basta con observar a qué llamamos hoy "cine para adultos" para tomar nota de en qué hemos convertido la condición de ciudadano libre y responsable). Rebelarse contra las actuales condiciones de vida impuestas por este nuevo malestar no es fácil; seguramente nunca fue fácil sublevarse contra la humillación, especialmente porque quienes la infringen han conseguido "venderla" como una revolución liberadora y feliz, y disponen de medios para propagar e inocular esta opinión en los grandes foros comunicativos. Parece tan intempestivo como citar a Platón en mitad de una canción del siglo XXI. Pero podría suceder que este anacronismo fuera una de las pocas cosas que hoy alcanzan la altura de los tiempos. Y hay que estar muy sordo para no escuchar algo de esta gigantesca y prometedora protesta en las canciones de Control Remoto.

José Luis Pardo

LLAMADA A LA OBEDIENCIA

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Confundido y en estado de shock
Es así como me dejas
Cuida esa boca que la tele te dio
No sale nada más que mierda
Nadie sale en tu defensa
Yo no he venido a ser la estrella de rock
Estoy aquí para que aprendas
Si toda la energía la quisieses usar en algo que realmente te merezca
Si hicieses frente al miedo que el sistema te da
Tu sueño perdería la vergüenza
Un par de hostias te vendrían muy bien pero
Nadie sale en tu defensa (1)
Yo no he venido a ser la estrella de rock
Estoy aquí para que aprendas (2)
Si toda la energía la quisieses usar en algo que realmente te merezca
Si hicieses frente al miedo que el sistema te da
Tu sueño perdería la vergüenza
Tal vez no sea este el momento ideal
No encuentro una manera mas directa
Tal vez resulte extraño lo que vengo a decir
Esto es la llamada de la obediencia
Confundido y en estado de shock
Nadie sale en tu defensa
Cien mil millones de neuronas al son
Estoy aquí para que aprendas
Si toda la energía la quisieses usar en algo que realmente te merezca
Si hicieses frente al miedo que el sistema te da
Tu sueño perdería la vergüenza
Tal vez no sea este el momento ideal
No encuentro una manera mas directa
Tal vez resulte extraño lo que vengo a decir
Esta es la llamada a la obediencia.

(1) “No es insólito ver en el metro o el autobús una madre con un hijo, ella de pie y él sentado. Hace unos años, una labradora analfabeta no habría consentido esto a un hijo. ¿Qué extrañas ideas le habrán metido en la cabeza a esa madre, que de seguro tiene ciertos estudios, para que no comprenda algo que antes se le alcanzaba a la labradora analfabeta? ¿Es el miedo a llevar la contraria, a crear frustraciones? Un niño no se traumatiza ni se frustra tan fácilmente, y aunque así fuera, saber asimilar las frustraciones también forma parte de la educación. Si en el futuro se dedica a la política, unas elecciones las ganará y otras no, si a la abogacía, unos pleitos los ganará y otros no, y cuando se enamore, unas veces será correspondido y otras recibirá calabazas. Y cada vez que pierda unas elecciones, un pleito o un amor, va a quedar muy frustrado. Los fracasos y los sufrimientos no se han de buscar por sí mismos, ni el sacrificio tiene sentido, pero hay que saber aceptar, sin dramatizar demasiado, los que de todos modos nos va a imponer la vida. Es cierto que hay puntos en los que un chico nunca debe sentirse fracasado ni inseguro. Por ejemplo, los padres deben procurar que nunca tenga motivos para no sentirse querido. Hay que exigirle que apruebe las asignaturas porque eso es bueno para él, no porque el cariño que le tengan dependa de las notas y de los éxitos. Fuera de sitio, si el hijo pone cara larga porque no puede tener pantalones de marca y ha de conformarse con otros más baratos, que se aguante, así de fácil.”

Panfleto antipedagógico, Ricardo Moreno Castillo

(2) “¡La fama! ¡Qué engañosa es a menudo, y qué decepcionante! Con razón pudo exclamar el trágico Euripides:
¡Oh gloria, gloria! A cuántos y cuántos has hecho grandes. sin mérito alguno de su parte.
Si, en efecto, son muchos los hombres que deben su renombre a la falsa opinión del vulgo. ¿Puede concebirse algo más vergonzoso? Gente que es alabada sin merecerlo no puede menos de avergonzarse de las alabanzas recibidas. En el caso de que fueran merecidas, ¿tendrían algún valor para el sabio, que mide su felicidad no por el rumor popular, sino por la voz de su conciencia? Si se ha de tener por algo honroso y halagador ver difundido por doquier el propio nombre, habrá que juzgar vergonzoso no darlo a conocer. Pero. como acabamos de demostrar habrá necesariamente pueblos a los que no llegará nunca la fama de un individuo. De lo que resulta que ese hombre a quien tú consideras famoso no llegará nunca a serlo ni siquiera en las zonas vecinas de la tierra. No considero, pues digno de atención ese carisma popular que no tiene base sólida ni firmeza suficiente para mantenerse estable.”

La consolación de la Filosofía, Boecio.

NUNCA DAS LA CARA

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A salvo en casa bajo la protección de mama
En la caverna ni me ven, ni me verán (1)
Miedo, tengo miedo
En manada voy al cine y a bailar
Y por mas que salga donde vaya siempre esta
Nunca das la cara, nunca das la cara
Nunca das la cara,nunca das la cara
Miedo, tengo miedo; puro miedo, tengo miedo
Ponte en guardia (2)
Hoy te voy a visitar
No me abras
Estoy justo aquí detrás
La cocaína y el mdma
Son la guardia imperial del capital (3)
Nunca das la cara, nunca das la cara
Nunca das la cara, nunca das la cara.

(1) Ver el Mito de la Caverna de Platón.
(2) Los niños y los jóvenes son, en efecto, aquellos con quienes se puede practicar una forma de impiedad que característicamente debe recibir el nombre de "corrupción" (o incluso "corrosión"), a saber, la que les impide apre der lo que principalmente han de aprender los jóvenes, es decir, a ser adultos o, como antes dijimos con las bellas palabras de Aristóteles, a progresar hacia si mismos, a actualizar su potencia. El modo de ser de los niños y los jóvenes es precisamente el de lo potencial (son adultos potenciales), y ya en esta acepción corriente se nota que ése es un modo de ser menor y deficitario con respecto al de lo actual: cuando decimos de algo que está "en potencia" o que es "potencial", decimos inmediatamente que no es actual, que le falta algo para convertirse en real, para estar "realizado". Lo potencial es algo prometedor —o amenazador— pero como toda promesa —y como toda amenaza— no sólo dista aún un trecho de su cumplimiento sino que vale (suscita temores o esperanzas) sólo en la medida en que puede ser cumplido, es decir, que lo potencial no cuenta como tal, sino sólo en vista de su realización, o sea, justamente, del momento en que dejará de ser potencia y se convertirá en acto. Las promesas incumplidas, como las amenazas vanas, no parecen tener valor alguno, como no sea el valor negativo de la frustración o de la decepción. Lo potencial encandila como lo hace la sonrisa de un bebé, cuyo encanto —el de no ser to- davía un hombre— es insuperable de la expectativa de que alguna vez lo será. Se ve, pues, en qué sentido puede hablarse de una desventura de la potencia: en la medida en que no está (aún) realizada, sólo vale porque remite a su realización, y no por si misma; si no se realiza, se convierte en una forma de ser patológica y deficitaria, frustrada y decepcionante como la de esos reos que esperan angustiados en el corredor de la muerte sin que su angustia sea calmada por la suspensión definitiva de su pena o por su ejecución: el duelo por lo irrecuperable. Como si el acto mantuviese a la potencia, y los adultos a los infantes, constantemente secuestrados, y sólo estuviesen dispuestos a liberarlos después de muertos (después de haber matado su infancia en cuanto tal). Entretanto, la potencia está a medio camino entre el ser y el no-ser, como los jóvenes están a medio camino entre la infancia y la condición de adulto, en ese peligroso terreno que se disputan los filósofos y los sofistas.

La regla del juego, José Luis Pardo

(3) Adaptación de un fragmento del Catecismo de los Trabajadores de Paul Lafargue a los tiempos que corren:
Catecismo de los Escapistas
PREGUNTA- ¿Cuál es tu nombre? / 1RESPUESTA- Esca-pista
P- ¿Quiénes son tus padres? /1R.- Mi padre era skapista, lo mismo que mi abuelo; pero los padres de mis padres fueron siervos y esclavos. Mi madre se llama mileurismo.
P - ¿De dónde vienes y a dónde vas?/ 1R.- Vengo de la adolescencia y voy a la adolescencia pasando por la noche eterna de la juerga, donde mi cuerpo servirá de campo de experimento para las drogas nuevas, y de mercancía auto- destructiva para mayor gloria del sistema.
P- ¿Dónde naciste? /1R.- Bajo el techo de una hipoteca y sobre un suelo que compartían mis padres con otra pareja y tres estudiantes francesas de primero de carrera.
P- ¿Cuál es tu religión? / 1R.- La religión del Capital.
P- ¿Qué deberes te impone la religión del Capital? /1R.- Dos deberes principales: el deber de pensar sin actuar y el deber de trabajar para escapar.

Jaime Echegaray

STOCK DE POSES

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Veo, veo
Dime, ¿qué ves?
Una cosita
¿Qué cosa es?
Veo miradas caníbales
Veo miradas caníbales (1)
Hambre de cuerpos
Hambre de fe
Hambre de algo en lo que creer
Escaparates andantes
Disparates andantes
No veo mas que poses en stock
No veo mas que poses en stock
Que la vergüenza caiga ya
Sobre este siglo de impunidad
Que despierte el leviatán
Y se trague al capital (2)
No veo mas que poses en stock
No veo mas que poses en stock
Razón de mas para cantar
Ver, oír y pensar
A voz en grito en mi ciudad
Hoy
Estoy desprotegido
Estoy desprotegido

(1) "Comencemos por el comienzo: es decir por el génesis. Se puede resumir así. Adán y Eva que estaban ya saciados, comieron una vez y ya no pudieron dejar de comer -fuente y aplazamiento, a partir de entonces, de la porfía, el dolor y la muerte. Adán y Eva, que compartían la ceguera de las cebras y la de las palmeras, comieron un día y de pronto se vieron... se vieron el uno al otro por primera vez; se miraron y estaban desnudos, expuestos a merced de las garras, y bajaron la cabeza avergonzados. Porque habían comido, fueron para siempre presa del hambre. Porque habían comido se miraron; y porque habían comido después de comer, en un mundo en el que había que estar comiendo todo el rato, se comieron también con los ojos, tomaron conciencia de su condición de comestibles y —claro— se avergonzaron. Desde entonces hay que ayunar, arriesgando paradójicamente la vida, para recuperar una sombra de la libertad e inmortalidad edénicas; desde entonces tenemos que bajar los ojos, y hacérselos bajar al otro, para sentirnos por un instante inocentes y protegidos.
La fusión del régimen del hambre y del régimen de la mirada —consecuencia de nuestro”desprendimiento” de la naturaleza, hasta tal punto perturbador que no podemos dejar de atribuirlo a una acción "pecaminosa"— determina que las relaciones de poder, las disputas de soberanía, las ambiciones de hegemonía, se establezcan y se confirmen en el campo de la óptica. Dos desconocidos que se dan la cara, en un espacio cerrado —un vagón de metro o un café— no pueden sostenerse la mirada indefinidamente sin besarse o sin matarse; y si normalmente llegamos vivos a casa es porque cedemos una decena de veces la soberanía bajando los ojos ante un rival aleatorio. Sólo los enamorados pueden mirarse sin matarse. Contraviniendo la prohibición original, como si no existiesen el hambre ni la muerte, los amantes tienen la audacia de volver a levantar la cabeza e invertir el gesto de nuestros primeros padres; se miran desnudos y no sólo no se avergüenzan: se sienten, además, seguros. El amor resuelve el problema del poder; es ese milagro en virtud del cual dos cuerpos; frente a frente; pueden mirarse a los ojos en pie de igualdad e indefinidamente sin amenazarse ni someterse. Y no es extraña, pues, la insistencia con que, cada vez que el mundo liquida sus antinomias políticas en un baño de sangre, algunos hombres proponen como solución el amor. Y lo sería sin duda si el amor no fuese siempre "local": es decir, si no tuviese que ver con la copresencia de los cuerpos y la correspondencia de la mirada, que es necesariamente cosa de dos. Para que el amor resolviese la cuestión del poder a escala universal habría que reformar los cuerpos de manera que constituyesen una especie de panóptico omnifacial que permitiese a cada hombre mirar a todos los demás y ser mirado al mismo tiempo por ellos. Y entonces, muy probablemente, no sobrevendría el milagro sino que se impondría la normalidad post-edénica y la mitad del mundo (¿no es eso lo que ocurre?) bajaría la cabeza.
En cualquier caso todo lo que no es amor, es guerra, agon, litigio, soberanía. Mirar sin ser mirado, mirar para que no te vean, mirar antes que el otro, mirar desde arriba o por un agujero —cerradura o mira telescópica—, mirar impunemente, mirar mortalmente. De la honda al misil, la tecnología bélica ha buscado siempre liberarse de la mano a fin de que la jerarquía visual se tradujese automáticamente, en el campo de batalla, en la destrucción del enemigo; y cuando los hombres tenían aún que matarse con los puños tras sostenerse un instante la mirada, ya soñaban en sus mitos un mundo en el que la mirada fuese arma suficiente: la idea de alcanzar un cuerpo ciego con el ojo, la idea de una mirada "fulminante" o "aniquiladora", como la de Gorrona, que asegurase la supremacía sin recurrir a ningún instrumento exterior. Lo cierto es que la cuestión del poder —de la desigualdad, por tanto, y de la seguridad— se dirime y se manifiesta en el rango y calidad de las miradas. "¿Quién manda?" solapa una cuestión más fuerte, mucho más sería: "¿Quién mira? (...)"

La utopía del hambre: mirada y soberanía, Santiago Alba Rico

(2) Ver el capítulo IX de Moby-Dick de Herman Melville

IGUAL QUE TÚ, HE PERDIDO EL NORTE Y EL SUR

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Yo de niño era como dios
Omnipotente, omnisciente y adorable
Y cuando el niño se puso a hacer de dios
Me cayeron hostias como panes (1)
Yo soy tú
Como tú
Igual que tú
He perdido el norte y el sur
Por amor mi vida enloqueció
Y me dejó un vacío incurable
Y te juro que creí morir
Y sigo aquí, sigo aquí (2)
Yo soy tú
Como tú
Igual que tú
He perdido el norte y el sur
Y voy a luchar por aprender y dejar de copiar
Dejar de ser, como dice Platón
Un personajillo sin sustancia ni amor (3)
Estaré siempre unido a ti
Hasta que la muerte nos separe
En la distancia y el sin vivir
Yo sigo aquí junto a ti
Y voy a luchar por aprender y dejar de copiar
Dejar de ser, como dice Platón un personajillo sin sustancia ni amor…
(Espere por favor, en breves momentos atenderemos su llamada)

(1) LA LÓGICA DEL MENOR DE EDAD AUTOCULPABLE

1. Doy por supuesta mi humanidad.
2. Yo no soy lo que escribo pero lo escribo.
Yo no soy lo que digo pero lo digo.
Yo no soy lo que hago pero lo hago.
Yo no tengo destino pero me envío.
3. ¿Para qué voy a estudiar si a los tres días lo voy a olvidar, si no lo entiendo y no me sirve para nada? Aplico la ley del mínimo esfuerzo.
Estoy aquí para obtener un título y poder salir: el mundo real está más allá.
Es imposible cambiar el mundo porque los políticos son todos iguales.
Mis padres nunca han tenido mi edad porque su mundo era muy diferente al mío.
Los consejos de mis mayores son formas de blanquear sus frustraciones.
a) Si actualizo lo que está en potencia, realizo.
b) Si realizo, debo responder por lo realizado.
e) Si no quiero responder por lo realizado, no realizo.
d) No me siento realizado.
9. Y se hizo la luz, veo lo que quiero, quiero lo que veo, la recompensa antes que el esfuerzo, un trabajo en el que me paguen por no hacer nada.
10. ¿Quién necesita conocerse a sí mismo cuando la muerte espera tan lejos?

Jaime Echegaray

(2) El odio que es completamente vencido por el amor, se trueca en amor; y ese amor es por ello más grande que si el odio no lo hubiera precedido.
Demostración: se procede aquí del mismo modo que en la Proposición 38 de esta Parte. En efecto: quien comienza a amar la cosa que odia, o que solía considerar con tristeza, por el hecho mismo de amar se alegra, y a esa alegría implícita en el amor (ver su Definición en el Escolio de la Proposición 13 de esta Parte) se añade, asimismo, la que brota del hecho de que el esfuerzo por apartar la tristeza implícita en el odio (como hemos mostrado en la Proposición 37 de esta Parte) resulta enteramente favorecido, al acompañarle como su causa la idea de aquel a quien odiaba.
Escolio: Aunque ello sea así, con todo, nadie se esforzará por tener odio a alguna cosa, o por ser afectado de tristeza, a fin de disfrutar luego de esa mayor alegría. Es decir, nadie deseará inferirse un daño con la esperanza de resarcirse de él, ni anhelará estar enfermo con la esperanza de convalecer. Pues cada cual se esforzará siempre por conservar su ser y apartar cuanto pueda la tristeza. Si, al contrario. pudiera concebirse que un hombre desease odiar a alguien, a fin de sentir luego por él un amor más grande, entonces anhelaría siempre odiarle. Pues cuanto mayor hubiera sido el odio, tanto mayor sería el amor, y así desearía siempre que el odio aumentase más y más en estar enfermo, a fin de gozar luego de una mayor alegría al recobrar su salud, por lo que siempre se esforzaría en estar enfermo, lo cual (por la proposición 6 de esta Parte) es absurdo.

Parte Tercera de la Ética de Spinoza: Proposición XLIV

“Pero no en Lisisas, ni en tu discurso: en ese que, a través de mi boca y embrujado por ti, se ha proferido. Si el Amor es, como es sin duda, un Dios o algo divino, no puede ser nada malo. Pero en los dos discursos que acabamos de decir, parece como si lo fuera. En esto, pues, pecaron contra el amor: pero aún más, su simpleza fue realmente exquisita, puesto que sin haber dicho nada razonable ni verdadero, parecía como si lo hubieran dicho: sobre todo si es que pretender embaucar a personajillos sin sustancia, para hacerse valer entre ellos. Me veo, pues, obligado, amigo mío, a purificarme. Hay, para los que son torpes, al hablar de "mitologías" un viejo rito purificatorio que Homero, por cierto, no sabía aún, pero sí Estesicoro. Privado de sus ojos por su maledicencia contra Elena, no se quedó, como Homero, sin saber la causa de su ignorancia, sino que, a fuer de buen amigo de las musas, la descubrió, e inmediatamente compuso:

No es cierto ese relato:
ni embarcaste en las naves de firme cubierta,
ni llegaste a la fortaleza de troya.

Y nada más que acabó de componer la llamada "palinodia", recobró la vista. Yo voy a intentar ser más sabio que ellos, al menos, en esto. Por tanto, antes de que me sobrevenga alguna desgracia por haber maldicho el Amor, le voy a ofrecer una pilando, a cara descubierta, y no tapado, como antes, por vergüenza.”

Fragmento del “Fedro”, Platón

EL CORONEL DE DRAGONES

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Necesito un día a besos y su allegro sin final
Necesito el destello de la aurora boreal
Sueños, sueños
Necesito veinte días y una muerte en el mar
Necesito que me quieran como a todos los demás
Lo siento, lo siento
Cariño, necesito cariño
Cariño, necesito cariño
Empiezo a asumir el triste final
La tragedia del día normal
No pienso pactar con el mundo real (-mente existente)
Es feo, además huele mal